Sobre la discriminación de las frutas y verduras ‘feas’
Sobre la discriminación de las frutas y verduras ‘feas’
Un desperdicio que afecta sobre todo a las frutas y verduras y del que es responsable todo el mundo, pero sobre todo el consumidor (responsable del 42% de los desperdicios) y la industria alimentaria (un 39%). ¿Los motivos? La manera de almacenarlos, razones de mercado ligados a la oferta y la demanda y, también, por los estándares de calidad. Eso es en lo que quiero incidir en esta entrada.
Las frutas y verduras feas
En
los países desarrollados una de las causas por la cuales se
desperdician tantos vegetalesson los estándares de calidad. Según la legislación, nuestras
verduras, tubérculos, frutas u hortalizas se clasifican en diferentes
categorías (por ejemplo extra, primera, segunda, etc.) en función de
algunos parámetros (color, tamaño, defectos, lesiones, etc.) que no
siempre tienen que ver con el sabor y la calidad de estos productos.
Con estas clasificaciones, lo que muchas
veces se consigue es que los establecimientos comerciales no compren las
categorías inferiores y estos productos acaben en la basura. Y lo
cierto es que no debemos culpar sólo al intermediario porque si no los
compran es porque luego el consumidor tampoco quiere saber nada de ellos
y lo que demanda es verduras y frutas con buen aspecto. ¿No te asombra
ir a comprar y ver que todas manzanas o los calabacines son
prácticamente iguales?
Un pequeño granito de arena
Como podéis ver en este video,
una cadena de supermercados francesa, igual que han hecho otras, ha
decidido poner su pequeño granito de arena vendiendo fruta y verdura
“fea” un 30% más barata y anunciándola en sus establecimientos con
curiosos y graciosos nombres como: “la grotesca manzana”, “la ridícula
patata”, “la horrible naranja”, “el limón fallido”, “la berenjena
desfigurada” o “la desafortunada clementina”.
Para sorpresa de todos las existencias se
agotaron al poco de sacar los productos al mercado. ¿Por qué? Pues
porque te puedes ahorrar unos euros al ir a comprar y la deformidad del
producto no está ligado al sabor del mismo, cosa que hicieron notar a
los clientes dándoles cremas y zumos hechos con estos alimentos. Así
que, gracias a esto, el consumidor podía disfrutar, por menos, de un
sabor igual que el de las bonitas frutas y verduras del resto del
supermercado. Y es que ¡no todo es lo que parece!
Ya sé que esta no es la solución
definitiva a este problema, pero cuando surgen iniciativas tan buenas
como esta hay que aplaudirlas. Porque cada granito de arena cuenta.


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